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Para el conocimiento de la fauna, se parte del conocimiento taxonómico y de la distribución de las especies en los tres ambientes de vida terrestre, aguas continentales y aereo.
Buenos Aires Fauna y Vegetaciones

La vegetación que observamos actualmente en la región se desarrolla en ambientes que han sido, en su mayoría, modificados por la presencia humana. En ellos conviven especies nativas, del paisaje original, con especies exóticas, propias de los ambientes antropizados. En esta unidad temática se abordará, por un lado, la vegetación nativa, en “Vegetación pampeana” y “Vegetación ribereña”, y por otro, la “Vegetación de ambientes antropizados”.

 

Vegetación de Buenos Aires

Los árboles plantados en las áreas urbanizadas también forman parte del paisaje actual de la región. La sección “Arbolado urbano” contiene información detallada de las principales especies que conforman el arbolado de las calles y plazas de la ciudad de Buenos Aires, y lugares donde se pueden apreciar las especies más llamativas y características.

Vegetación Ribereña

La vegetación ribereña se extiende desde la barranca hasta el Río de la Plata y está compuesta por diversas comunidades vegetales muy diferentes fisonómicamente entre sí: selva marginal, bosques, pajonales, matorrales y vegetación del borde de lagunas, ríos y arroyos. En su composición se encuentran especies acuáticas, palustres , terrestres y epífitas.

En esta sección encontrará una descripción de las comunidades vegetales típicas de cada ambiente e información detallada de las especies más características.

Vegetación Pampeana

La vegetación característica de la planicie pampeana es una estepa graminosa. Se trata de pastizales de distintas especies de pastos llamados flechillas (gramíneas del género Stipa; como Stipa philippii, S. charruana, S. hyalina, S. neesiana) a los que se denomina vulgarmente flechillares.

Su nombre se debe a la forma de flecha que poseen los frutos, que sirven para su diseminación al adherirse a los pelos y plumas de los animales, quienes los transportan. Junto a las flechillas crecen otros pastos, como la cola de zorro (Bothriochloa laguroides), la flechilla (Piptochaetium stipoides), el raygrass criollo (Lolium multiflorum), el pasto miel (Paspalum dilatatum) y el gramillón (Stenotraphrum secundatum).

Además, hay otras hierbas, muchas de ellas geófitas, que en la primavera hacen un despliegue de color al florecer, como el lirio del bajo(Cypella herbertii), la tres puntas (Herbertia lahue), la azucenita colorada (Rodophiala bifida) y varias especies de vinagrillos (Oxalis sp.), entre otras.

Vegetación de Ambientes Antropizados

Vegetación ruderal

La vegetación ruderal, abundante en las áreas periurbanas, se compone de abundantes plantas exóticas anuales, las cuales predominan en bordes de caminos, vías férreas y en terrenos baldíos. Algunas de estas plantas se desarrollan como consecuencia de las condiciones locales de las ciudades y arrabales. La riqueza en material calcáreo favorece la propagación de especies arbóreas como el árbol del cielo (Ailanthus altissima) que crece en terrenos rellenados y veras de caminos y a otras herbáceas como la siete venas (Plantago lanceolata) que crece al costado de las rutas, tolerante a la contaminación con plomo. Muchas son especies nitrófilas.

Los arbustales de ricino (Ricinus communis) son parte de esta vegetación que se desarrolla en ambientes modificados. Es común en baldíos, suelos removidos y vías férreas, donde predomina el ricino, acompañado de otras especies exóticas. Otra de las comunidades que forman parte de la vegetación ruderal son los Pastizales de pata de perdiz (Cynodon dactylon). Esta gramínea exótica crece adventicia en la región, en particular en suelos húmedos donde llega a ser muy abundante. En Costanera Sur ocupa varios sectores, siendo uno de los más extensos el que se ubica en torno a la Laguna de los Macáes. Este pastizal tiene una cobertura del 100%, una altura de 50 a 100 cm y alta riqueza de especies acompañantes (90 especies).

Arbolado Urbano

Los árboles que se incluyen en esta sección forman parte de nuestro ecosistema urbano y, además de su rol estrictamente ecológico dentro de dicho ecosistema (como productores primarios, hábitat para las aves, etcétera), poseen un valor cultural estrechamente vinculado a diversos aspectos de la vida humana. Los árboles, sobre todo para los habitantes de los centros urbanos, son los elementos más conspicuos del reino vegetal. Los cultivamos para la ornamentación de nuestros espacios públicos y para proporcionar sombra y abrigo.

La selección de los árboles urbanos a cultivar responde a diferentes criterios. Desde un punto de vista ornamental se ha de tener en cuenta su porte, la forma de la copa, el color del follaje, las características de sus flores y frutos. Para su cultivo se ha de tener en cuenta su modo de propagación, longitud de vida, ritmo y tipo de crecimiento, requerimientos climáticos y edáficos, reacciones a la poda, resistencia a plagas yA enfermedades. En el aspecto sanitario han de tenerse en cuenta las especies alergógenas.

Para la planificación urbana deben evaluarse su ubicación y distribución. Por ejemplo: los árboles corpulentos con raíces poderosas pueden levantar las veredas y no son aptos para las calles, pero sí para parques o plazas; los caducifolios son más aptos para las calles porque dan sombra en verano y permiten la llegada de los rayos del sol en el invierno; como contrapartida, las hojas, flores y frutos que caen al suelo pueden llegar a causar inconvenientes.

La selección de especies también responde a pautas culturales, que orientan nuestra elección entre especies exóticas o nativas. De nuestro pasado colonial hemos heredado una marcada predilección por especies de origen europeo. Igualmente, muchas especies arbóreas han pasado a formar parte del acervo histórico de nuestro país, tanto exóticas (el pino de San Lorenzo, el naranjo de San Francisco Solano, la higuera de Sarmiento, la magnolia de Avellaneda) como nativas (el pacará de Segurola, el algarrobo de Pueyrredón, el ombú del Virrey Vértiz o el del Virrey Sobremonte).

En la ciudad de Buenos Aires, los datos sobre el cultivo de árboles son fragmentarios a lo largo de su historia. Hacia 1590 se penó la tala de algarrobos autóctonos en los alrededores de la ciudad. Durante el virreinato de Vértiz se erigió el primer paseo de Buenos Aires, llamado “la alameda”, aunque en realidad se trataba de una calle con ombúes, frente al río. Hasta 1885 el adelanto en calles y plazas fue escaso y estuvo ligaAdo a la iniciativa de los vecinos. En ese año había más de 1.100 árboles en la ciudad. En 1891 la tendencia se revirtió gracias al arquitecto francés Carlos Thays, Director general de paseos: por su iniciativa se plantaron ese año 21.250 ejemplares (cantidad superada recién en 1925, con el cultivo de 22.000 ejemplares). Hacia 1901 había unos 65.000 árboles en toda la ciudad y, 40 años después, unos 450.000. Las especies mayormente difundidas desde fines del siglo pasado son: arce, fresno, paraíso, plátano, árbol del cielo, acacia blanca, tipa, sófora y jacarandá.

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